domingo, 8 de febrero de 2009

MAPUCHES (Parte I)

AGUSTO MARIN dice,


No pretendo en este artículo agregar nada nuevo al tema de la etnia mapuche y del trato que la nación chilena ha tenido con este pueblo. Y no plantearé este asunto como una reivindicación, ni como una revelación, ni como un descubrimiento. No lo haré, porque plantear mi argumentación de esta forma me parece, no solo fatuo; sino inútil.


No aspiro a “levantar velos” ni a “tirar de la manta” enseñado nada que no sepáis. No vengo a desenmarañar tramas ocultas. Ni vengo a salir en defensa de nadie. Porque creo que todo lo que puedo decir sobre las relaciones chileno-mapuches (actuales o históricas), ya ha sido dicho y de muchas formas y en muchos tonos.


No obstante, lo que sí comenzaré por hacer, es decir que hay cuestiones que ya no pueden ser puestas en duda, ni pueden ya -a esta altura- admitirse como objeto de discusión. Y que quién quiera empeñarse en ponerlo en duda o discutirlo, solo hunde su reputación en la inmoralidad.
Con la mayor humildad, y con el mayor respeto, me tomaré la libertad de aportar un resumen conciso y sintético de esta cuestión; que nos sirva como punto de partida para otros planteamientos:
I. El pueblo mapuche ha sido diezmado por todos quienes han llevado en su alma el argumento racista que ha consentido -desde el desprecio- el trato degradante.

II. El pueblo mapuche en estos últimos quinientos años, no ha conocido más que la cruda pobreza, la desdicha, la marginación y el atraco brutal. Ha sido constantemente denigrado, explotado, excluido y obscenamente engañado.

III. El pueblo chileno (Wueonlandia) ha encubierto e impulsado -indirectamente y extraoficialmente- pero bajo una grotesca legalidad institucional; un auténtico genocidio a la etnia mapuche (esto incluye a la campaña argentina “Conquista del Desierto” y la análoga chilena “Pacificación de la Araucanía”.

IV. El pueblo mapuche ha sido objeto de una falta de respeto sistemático. Una humillación lo suficientemente persistente y lo suficientemente dogmática, para desarrollar la “vergüenza colectiva” entre los integrantes de la comunidad mapuche; por el solo hecho de ser quiénes son.

V. El pueblo mapuche despierta a diario rodeado de un panorama socio-cultural; profundamente hostil (Wueonlandia). El pueblo mapuche despierta aplastado por una nación que les ofrece una sola salida; la conversión. Dicho en otras palabras; les roba el futuro y les abre la puerta a la paulatina y total desaparición.

VI. El pueblo chileno (Wueonlandia) ha decidido ignorar la existencia del pueblo mapuche (oficialmente). Esta postura y ésta moral despiadada y radical; niega de la existencia mapuche. Esto conduce irremediablemente a la etnia mapuche (y a todo pueblo indígena); por el camino gris del exterminio (sus hijos solo pueden ser chilenos). En todos los sentidos: Un verdadero holocausto.

VII. El pueblo chileno (Wueonlandia) aún cuando parece ser evidente su superioridad cívica; ha preferido desconocer deliberadamente la dignidad de la etnia mapuche. Y bajo la actual legislación internacional de derechos humanos -sin lugar a dudas- todas estas conductas- pueden reconocerse e inscribirse a día de hoy; como un comportamiento criminal.

Esto no puede continuar así un solo minuto más. Y os voy a decir porqué. La primera razón es que éste es un esquema profundamente arcaico (por no decir barbárico). Forma parte del pensamiento de todo sistema colonialista. Esta forma de ver a “otros” pertenece a un esquema colonialista. La ética que Wueonlandia exhibe, no ha sabido o no ha podido o no ha querido sacarse de encima la ideología colonialista.


En segundo lugar, si queremos que Wueonlandia se transforme en Wuevonia, debemos dejar caer –definitivamente- todo lo que hemos arrastrado de la etapa colonial. La nefasta herencia colonial. Ya no somos colonia y es insensato empeñarse en comportarnos como si aun lo fuésemos. ¿Queremos ser un país líder?, ¿Un país del siglo veintiuno?: debemos superar definitivamente estos lastres. En otras palabras; debemos evolucionar. Una sociedad desarrollada y evolucionada; sabe integrar las etnias que la conforman.
Una sociedad desarrollada y civilizada es consciente de su responsabilidad con el más débil y con el más vulnerable. Una sociedad superior; sabe que la unidad es su mayor fortaleza por ello no se permite la soberbia. Una sociedad superior reconoce sus diversidades y procura la armonía y el equilibrio entre sus diversidades. No hay otra respuesta.


Esto no es palabrearía ni una quimera. Esto se lleva a la práctica de forma muy concreta. Actualmente, lo que NO se puede consentir, es que la (paupérrima) propaganda chilena se pasee por medio mundo (expo Sevilla, expo Zaragoza, expo Hannover,…etc) levantando pabellones, diseñando afiches o decorando páginas web, en donde se muestra y se presume de identidad y cultura nacional, exponiendo momias atacameñas, la artesanía diaguita, folclore tehuelche, iconografía aimara, lengua y tradición textil mapuche, etc, etc, etc…..para que luego en casa, solo tengamos en cuenta a los mapuches para limpiar boñiga. Ir por el mundo con esta descomunal farsa y ésta triste paradoja, incomprensible e incoherente hipocresía; me repugna y me llena el estomago de arcadas.
(Si odias al mapuche; no uses sus símbolos)


Chile (Wueonlandia) vive bajo una sombra de vergüenza. Y no tendrá ni sentirá jamás auténtico orgullo de ser quién és, mientras permita en su territorio y bajo su jurisdicción, por acción u omisión, el desamparo y el sometimiento impertinente y la “condena inquisidora” a una categoría de infra-humanidad (chileno de segunda clase) contra algún tipo de colectivo.

(continúa en siguiente entrada)

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